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 El Imparcial-diario                                                                                                                                                                       Jueves - Enero 31/ Febrero 7 - 2013

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EDITORIAL

EL ESTABLECIMIENTO  - EL ANTIESTABLECIMIENTO

 

Entablar un dialogo que conlleve a un acuerdo equitativo entre partes antagónicas, como es el Estado colombiano y las FARC, no es algo que se logre fácilmente.  Las FARC es un grupo de individuos alzados en armas que buscaban presionar al gobierno para que este detuviera su agresión contra ciertas regiones del país. Todo esto sucedía cuando conservadores y la iglesia Católica regían los destinos de los colombianos. 

La historia de la guerrilla se remonta a más de 60 años. Durante este largo proceso por alcanzar la paz se firmaron acuerdos, y no todo ellos se cumplieron. El Estado asesinó posteriormente a los protagonistas de acuerdos, generando desconfianza en los acuerdos. Ha sido una historia que se ha repetido a través de la historia republicana del país. La falta de unidad en lo que es el Estado y su política, más una carencia de derrotero para donde quieren conducir a la sociedad, ha hecho que individuos en solitario hayan asumido el liderazgo y como tal siempre ha sido un desastre.  Viniendo posteriormente la desorientación y quedando en manos inexpertas el manejo de esos ideales.

El siglo pasado estuvo agitado por todo tipo de movimientos y grupos que merodearon en busca de alcanzar llegar al poder y todos fallaron en el intento. Dejando una estela de muertos que sobrepasan el millón. Sobre esta lección es poco lo que se ha aprendido, hoy día hay más corrupción que hace 50 años, con un Senado y una Cámara que son innecesarios, pero que se mantiene porque estas corrompen la sociedad para sobrevivir.

Las negociaciones que se están llevando en la Habana, Cuba, serán una de tantas negociaciones a través de la historia del país. Las FARC tienen un derrotero a seguir que solo ellos saben en verdad si quieren negociar, cosa muy diferente a lo que pasó con el M19. Su negociación fue real.

La de la Habana tienen otro tinte, negociación indefinidamente hasta que las sillas queden vacías.  No hay términos que indique lo contrario. Por lo menos el Pueblo colombiana debería conocer de qué se habla, ya que las comunicaciones lo permiten. Ellas no son sesiones privadas sino de interés general. De esta forma los colombianos podrán juzgar que es lo que quieren las partes.

Los debates y las sesiones en la ONU se pueden ver y escuchar a través de Internet, ¿por qué estas no pueden ser lo mismo?

La información que tenemos hasta el presente no es muy clara. Lo único que sabemos es que se están reuniendo las dos partes a dialogar sobre una paz negociada. Y cada uno continúa en sus enfrentamientos de destrucción.

Colombia tiene problemas graves para atender a la par de estas negociaciones. El desempleo, la salud, un Congreso que los colombianos no necesitan y que está desangrando el país con su corrupción interna. La vivienda, los campesinos, la industria y una cantidad de etc. Todo esto hace que los ciudadanos se sientan en un vacío y en una inseguridad constante ya que el gobierno solo puede brindar una mínima parte de lo que realmente el ciudadano espera.

Si se logra un acuerdo, esto solo será el principio de un largo camino. Y si no se logra, los ciudadanos tendrán que buscar cómo solucionar este problema, este cáncer que ha venido devorando al país por más de un siglo.

Aunque aquí el pueblo es el que menos participa en solucionar este tipo de problemas. Siempre están esperando que alguien llegue a hacer el trabajo sucio y este pedirá algo a cambio. Posiblemente ahora haya un poco de cambio, porque la sociedad tiene un mayor nivel de educación y esta sensible a lo que pasa a su alrededor y unos pocos facinerosos son los que mantienen a raya a la sociedad. Pero todo puede cambiar pronto. Se puede notar la forma como las cosas están cambiando y respondiendo a través de las redes sociales.

Lo único que podemos decir es que el bienestar social futuro está en manos de la sociedad pensante y educada. Ella es la que tiene que conglomerarse y no dejar que un solo individuo maneje los destinos de la nación. Así se podrá alcanzar un mayor bienestar social.

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La Calle Circular

 

 

Carlos Vicente Sánchez

He leído editoriales, artículos, columnistas y líderes que rechazan el proyecto de la Calle de la Fundación, argumentando problemas de movilidad, de tránsito vehicular, económicos, y es inevitable sentir que caminamos en círculo, como en un eterno retorno, sin encontrar la ruta de un desarrollo ambiental y sostenible en nuestra ciudad.  

 

Nosotros en Pereira, impulsados por intereses políticos o económicos, seguimos resistiéndonos a ciertos cambios, recuerdo que en el año 2000, apenas iniciando el nuevo siglo, en pleno mandato del fallecido alcalde Luis Alberto Duque, se hizo un esfuerzo por sensibilizar a los ciudadanos para que se permitiera la construcción de la avenida Belalcázar y la peatonalización de la carrera séptima. “Estamos construyendo la ciudad del futuro” decía uno de los lemas de tal campaña. La resistencia por parte del gremio comercial de entonces fue total. Hubo artículos en prensa negándose a este proyecto, hubo malestar entre los dueños de locales de la séptima, por supuesto entre los vendedores ambulantes. Los comerciantes no quisieron dar el salto a esa ciudad del futuro, tuvieron miedo de encontrarse con un terreno desconocido que exigía construir los principios de una cultura ciudadana que a la larga nos beneficiaría a todos. Hoy día damos la misma vuelta.

 

Poco tiempo después el Eje Cafetero fue sorprendido con la fundación del El Centro Comercial de Cielos Abiertos, en Armenia, que no fue más que la peatonalización de la calle 14, o la Calle Real, convirtiéndose este proyecto en uno de los más vanguardistas de nuestra región y del país, al punto de haberse ganado la XXI bienal  de arquitectura como mejor proyecto de recuperación urbana. Allá tuvo que ocurrir un terremoto para llegar a la conclusión de que el espacio público debe ser un lugar de goce y tranquilidad para los ciudadanos, porque existe una política mundial cuya tendencia es quitarle más vehículos a las calles estrechas de ciudades como las nuestras, y darle prelación al peatón. Tal proyecto fue rechazado en su momento también por la gente de Armenia, pero el resultado fue tan óptimo que hoy día es uno de los principales patrimonios a proteger en aquella ciudad vecina.

 

Yo como ciudadano común, al contrario de la mayoría, aplaudo el proyecto de La Calle de la Fundación, pero lamento profundamente que no sea del todo peatonal, porque he recorrido la de Armenia, he visto a las parejas, a las familias y a la gente disfrutar de un café al aire libre, sin el acoso de los pitos de los carros, he visto exposiciones de arte, a niños corretear sin temor a ser atropellados, en una sola calle conectada por parques, cuenteros, poetas y conciertos. Pocas veces he visto a vendedores ambulantes usurpando espacios que no le corresponden, porque sus habitantes establecieron un pacto para lograr el propósito de una ciudad más humana, eso se llama cultura ciudadana.  Los invito un domingo para que vean un comercio dinamizado, en orden.

 

Un proverbio oriental dice que “Cuando el sabio señala el sol, el tonto se queda mirando el dedo” A veces creo que eso es lo que nos está sucediendo, el problema no es la construcción de una calle emblemática, sino de una política concertada de cultura ciudadana, aplicable y cumplida. En eso los gremios comerciales, ante todo, deben ceder, y permitir que las autoridades e instituciones, y nosotros los ciudadanos, unifiquemos esfuerzos, cambiemos el paradigma y dejemos de andar en círculos para que podamos ver al fin el sol.

 

 

ANAQUEL

 

EL MIEDO

 

Neverg Londoño Arias 

 

Toda actividad que se realiza tiene un límite; pasar de ese límite es un riesgo; al otro lado se presupone una amenaza. En un instante aparece el fantasma de la inseguridad creado por la escasa información y la mínima protección, se evidencia la dificultad para decidir y la certeza de perder.

 

El miedo es un mecanismo de defensa en el cual se presenta la falta de aceptación, la falta de amor, la sorpresa, la carencia de control, el paso a lo desconocido, lo inesperado, la posibilidad de la muerte y el olvido: es lo contrario del amor, es la expresión de la angustia. La ansiedad es generada por un temor repentino, pero la angustia se anida en una causa más profunda, el miedo a la castración convertido en palabra. Todos los miedos del mundo deambulan en los territorios complejos de las fobias y en los laberintos de la paranoia.

 

Los primeros miedos nos acompañan desde el origen, al lado de la madre en sus temores, frustraciones y alegrías y en sus relaciones con el entorno. Lo externo se asocia a la desprotección y la falta de amor: frío, oscuridad, inseguridad ambiental, dificultades en las relaciones familiares, hambre y ausencias. Algunos psicopediatras consideran que los niños no diferencian miedo de emociones internas y los peligros que se encuentran fuera de sí; sin embargo desde la cuna se refuerza el miedo a actuar y decidir: “No toque, no coja, camine con cuidado”, “Que tal que le vaya mal y fracase”.

 

El miedo se expresa desde los silencios repentinos, el temblor, la alteración, la sudoración, la timidez, el llanto, la parálisis, los gritos y la mentira protectora. El lenguaje de la mentira es la negación a enfrentar lo real, se transforma en lo no real, en el mito, lo ficticio; conducta de protección útil en muchos momentos de la vida y en los disímiles  espacios de la sociedad, la política, la paz y la guerra.

 

En el mundo escolar el miedo tiene lugar preponderante: inseguridad por la deficiente información, resistencia a ingresar a la institución, a separarse de la madre, temor ante la presencia de personas mayores, dificultad en la socialización y a la aceptación de las normas, miedo a los llamados de atención, los castigos, las pruebas de rendimiento, la salida al tablero, a hablar en público y a los informes escolares. En todos estos casos se desconocen los efectos y se  autoreferencian las probabilidades de pérdida y castigo. Se asume que fracasar es perder: en un examen de conocimientos la insuficiencia de la información determina la decisión del riesgo.

 

En el mundo de los adultos hay resistencia a tomar decisiones de trascendencia; se acepta depender para tener a quien culpar de errores y fracasos. Es común el miedo a hacerse cargo de los padres ancianos para lo cual se recurre a la evasión y el abandono. Se aplaza la posibilidad de renunciar a la dependencia y dirigir la vida o continuar aceptando que otro u otros la manejen. Muchas parejas resuelven dejar el hogar paterno-materno para hacer vida independiente, pero conservan un invisible cordón umbilical, lo que equivale a trasladar la cama cinco cuadras más allá. Es difícil asumir el desprendimiento y tomar las propias responsabilidades. El objetivo no es renunciar a la familia sino a la dependencia y crear ambientes y lazos en otro sentido, desde el nuevo hogar, para realmente dirigir la propia vida.

 

Quien no está en capacidad de dirigirse, encuentra quien lo dirija y decida. En la vida amorosa existe el miedo a la pérdida representada en la celotipia. Separarse o divorciarse es enfrentar la soledad y la pérdida de las comodidades.

 

Cuando se enfrentan los miedos crece la producción de adrenalina y se desafía el peligro: lugar común en algunos “deportes extremos” y en actividades laborales en las cuales se pone en juego la vida; cuya contraprestación es “el salario del miedo”.

 

La elección del riesgo es lo que nos hace mirar el otro lado de los límites. Estamos seguros que la vida es incierta y esperamos ir de acierto en acierto, pero el error hace parte del aprendizaje: se puede perder o ganar, acertar o fallar.

 

Vemos el mundo como un lugar peligroso, es lo que tenemos, hay que vivirlo y reconocerlo para mejorar los vínculos con nosotros mismos y disminuir la dependencia hacia lo externo, lo incierto.

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